La financiación del terrorismo en la era digital de la extorsión a las criptomonedas.
Introduccion:
¿Sabías que la financiación del terrorismo se ha descentralizado y vuelto digital? Los secuestros y el control territorial están dando paso a una sofisticada red de extorsión a baja escala y el uso de criptomonedas de anonimato mejorado. En mi nuevo artículo, desgloso este preocupante cambio de modelo y las implicaciones para la seguridad global. ¡Descubre por qué la respuesta de la comunidad internacional debe ser más ágil que nunca!”
La financiación del terrorismo en la era digital: de la extorsión a las criptomonedas
Durante décadas, la lucha contra la financiación del terrorismo se centró en rastrear grandes flujos de dinero a través del sistema bancario, cortar el acceso a mercados de recursos naturales y desmantelar redes de patrocinio estatal. Sin embargo, un análisis comparativo entre los informes de la ONU de finales de 2024 y mediados de 2025 revela una transformación estratégica y alarmante. Los grupos terroristas, bajo la presión global, han abandonado las fuentes de ingresos tradicionales para abrazar la era digital, con una sofisticación financiera que complica el rastreo como nunca antes. El nuevo modelo es descentralizado, híbrido y oportunista, combinando la criminalidad de baja tecnología con las herramientas digitales más avanzadas.
A finales de 2024, el modelo financiero del yihadismo aún estaba en transición. Mientras el núcleo del Estado Islámico (Dáesh) en Siria e Iraq veía cómo sus reservas de efectivo se reducían drásticamente a aproximadamente 10 millones de dólares, con una directriz clara para que sus afiliados se volvieran autosuficientes, los grupos en África ya operaban bajo este nuevo paradigma. El informe de diciembre de 2024 de la ONU detallaba de manera granular estas fuentes de ingresos en la región. Por ejemplo, Boko Haram no solo extorsionaba a pastores y vendía chatarra para obtener ingresos, sino que Al-Shabaab imponía impuestos de guerra a empresas y clanes en Somalia. Este modelo de extorsión a pequeña escala era solo la punta del iceberg.
El informe de 2025 revela una aceleración dramática de esta tendencia, con una notable sofisticación tecnológica. El Estado Islámico en la Provincia de Jorasán (EIIL-J), la principal amenaza terrorista en Europa ya no dependía tanto de los secuestros y la extorsión, sino que había pasado a recaudar fondos a través de donaciones usando criptomonedas. Lo más preocupante es que el informe de 2025 añade que los terroristas han comenzado a utilizar criptomonedas de anonimato mejorado como Monero, además de la cartera de Telegram, para transferir decenas de miles de dólares. El hecho de que en 2024 las fuerzas de seguridad de Turquía incautaran más de 680.000 dólares en criptomonedas, demostrando que estos fondos se mantenían en monederos virtuales fríos, subraya la escala de la amenaza y la urgente necesidad de adaptar las herramientas antiterroristas a este nuevo entorno digital. La reiterada recomendación del Equipo de Vigilancia de la ONU de que los estados compartan información sobre las direcciones de monederos digitales subraya la gravedad del problema y la dificultad para interceptar estos flujos.
Además de las criptomonedas, el terrorismo ha encontrado una nueva fuente de financiación en la criminalidad de baja tecnología, monetizada digitalmente. En el Sahel, los informes de 2025 mencionan que los afiliados de Dáesh están recurriendo a secuestros de bajo valor, exigiendo rescates menores pagados a través de aplicaciones de dinero móvil. Esta táctica se aprovecha de la infraestructura de pago en países africanos que han liderado la revolución del dinero móvil. Países como Kenia, pionero con M-Pesa, Ghana, Tanzania, Uganda y Nigeria demuestran que el pago digital en África no es solo una moda, sino un motor de desarrollo económico. No obstante, la facilidad de uso y la baja regulación de estos sistemas son precisamente lo que los convierte en una herramienta atractiva para grupos terroristas, permitiéndoles financiar sus operaciones de forma discreta y descentralizada. Este método es tan efectivo como difícil de rastrear, ya que los pagos son pequeños, fragmentados y operan en sistemas que a menudo no están regulados bajo los estándares antiterroristas de la banca tradicional.
La rápida adopción de estas tecnologías por parte de los grupos terroristas es un reflejo directo de la presión a la que se enfrentan. El modelo de financiación del EIIL, que dependía del control territorial y de las reservas de efectivo, se ha vuelto insostenible. Por ello, la transición a un modelo más fragmentado y digital ha sido una cuestión de supervivencia. Ahora, los ingresos provienen de una combinación de extorsión local, crimen organizado y flujos de dinero digital. Esta hibridación les permite sortear los controles financieros y seguir operando con una eficiencia alarmante, consolidando su presencia en regiones donde el Estado es débil.
La respuesta internacional y las amenazas del futuro
En respuesta a este cambio de modelo, organizaciones como el Grupo de Acción Financiera Internacional (GAFI) y el Fondo Monetario Internacional (FMI) han intensificado sus esfuerzos para presionar a los estados a regular los exchanges de criptomonedas y las plataformas de dinero móvil. Sin embargo, la implementación de estos estándares se enfrenta a grandes desafíos, especialmente en regiones con gobiernos frágiles y economías emergentes donde la innovación digital supera a menudo el marco regulatorio.
En conclusión, la financiación del terrorismo ya no se limita a grandes flujos de dinero o al control de recursos naturales. Los informes de la ONU de 2024 y 2025 documentan un cambio fundamental hacia un modelo descentralizado, oportunista y tecnológicamente avanzado. La extorsión local, el uso de aplicaciones de dinero móvil y la adopción de criptomonedas anónimas permiten a estos grupos mantener su capacidad operativa mientras evaden el sistema financiero global. La lucha contra la financiación del terrorismo ahora requiere un enfoque dual: vigilar las redes financieras tradicionales y, de manera urgente, adaptarse al ecosistema digital donde los terroristas operan cada vez con mayor libertad y anonimato. La respuesta de la comunidad internacional debe ser tan ágil y adaptable como la amenaza misma, cerrando las brechas tecnológicas y regulatorias que estos grupos han explotado con éxito, mientras se anticipan a nuevas amenazas como el uso de NFT o el metaverso para lavar dinero y transferir valor. Todas estas medidas monetarias contra el terrorismo desgraciadamente repercuten sobre los ciudadanos, que ven cómo se recortan sus libertades por culpa de los terroristas.
Jose Luis Mansilla @Sahelintel1
