Disuasión por vértigo: El peligroso juego donde la paz y la guerra ocurren al mismo tiemp
En plena modernidad Líquida y en tiempos donde vivimos en un interregno, en donde lo viejo no termina de morir y lo nuevo no termina de nacer, observamos por un lado, como en los nuevos conflictos armados del siglo XXI nada tiene que ver con los que se producían en el siglo XX y por el otro lado, los diversos caminos de la diplomacia nos llevan a puertas que están cerradas pero a la vez si están abiertas, en donde en la mesa de discusión está la especulación, donde muchos ganan y ganan muy bien y otros, ganan perdiendo y sin llegar a un armisticio y una futura paz, todo se diluye en la incertidumbre de una guerra prolongada con una paz imperfecta.
Debemos tener en el radar que una orden dada y luego emitir una contraorden, genera desorden y partir de la segunda década del Siglo XXI, vivimos en un desorden mundial.
Es importante mencionar que no se trata de una crítica a Estados Unidos; ni de una crítica a su política exterior, porque esta estrategia, es consecuencia de lo que vivimos en la actualidad, una modernidad Líquida y en pleno interregno y por lo tanto, las reglas cambian, las estrategias se modifican y el mundo reciente esa transformación.
Derivado de lo anterior; hagamos una observación en la secuencia que se ha vuelto confusa, repetitiva y a veces, casi irreal, incluso, cuando sus consecuencias humanas y estratégicas son extremadamente graves.
Constatar esta deriva no implica tomar partido, simplemente significa observar que las palabras, las amenazas y las negociaciones parecen contradecirse entre sí, hasta el punto de dificultar cada vez más cualquier análisis racional de la crisis.
Verbigracia:
Episodio de hoy; Donald Trump, promete un ataque masivo contra Irán y los estados mayores se preparan, las capitales del Golfo contienen la respiración y los canales de noticias inician sus cuentas regresivas.
Entonces, en el último momento, el ataque se cancela.
El presidente estadounidense anuncia que Irán desea negociar, pero Teherán responde que no está negociando.
Entonces; Washington afirma que las conversaciones han comenzado, pero Irán aclara que no hay ninguna reunión programada.
Unas horas más tarde, la amenaza militar vuelve a estar sobre la mesa.
Al día siguiente, el mismo escenario, los mismos actores, la misma música dramática, solo cambia ligeramente el mensaje.
Ya no nos enfrentamos exactamente a una crisis internacional, nos enfrentamos a una serie cuyo guion nadie conoce realmente, ni siquiera quienes parecen estar escribiéndolo.
La Casa Blanca presenta: “La guerra que podría no ocurrir” y los mercados reaccionan.
En el pasado, la geopolítica al menos aparentaba tener seriedad,todavía vez que una amenaza iba precedida de una nota diplomática, seguida de un ultimátum, y luego acompañada de maniobras militares que los analistas intentaban descifrar.
Hoy en día, una publicación en redes sociales puede influir en los mercados, poner en alerta a varios ejércitos y ser desmentida antes de la de que cante un gallo.
El presidente estadounidense afirma que Irán solicitó sentarse a la mesa de negociaciones, pero Irán responde que no hay ni mesa, ni silla, ni reunión y casi se puede imaginar a los diplomáticos buscando la sala de reuniones mientras ambos gobiernos explican que existe y no existe a la vez.
De este modo, la diplomacia ha entrado en la era de la mecánica cuántica, en la que la negociación está abierta y cerrada al mismo tiempo, el ataque está decidido pero suspendido, la paz es inminente pero la guerra continúa.
Y en este interregno muchos se hacen ricos y muchos, muchos más sufren las implicaciones, la pobreza, la inseguridad y la zozobra.
Pero todos observan la situación, esperando que alguien abra la caja de pandora.
Demos entender que la disuasión se convirtió en remolque y que la teoría clásica de la coerción se basaba en una idea relativamente simple: para ser efectiva, una amenaza debía ser creíble.
Debía demostrar capacidad real, voluntad política y cierta coherencia entre las palabras y los hechos.
En el nuevo escenario estratégico, la amenaza se asemeja más al tráiler de una película, en donde todo es real pero a la vez es ficticio, en donde Trump puede invadir Venezuela de manera express sustraer a Maduro y llevarlo a Estados Unidos o decir que va por Groenlandia y efectivamente la controla, pero por otros medios y bueno en Medio Oriente el Quid es el tiempo del conflicto, donde una acción o una declaración deben ser espectaculares, inmediatas y lo suficientemente preocupantes como para ocupar espacio en los medios y alterar los mercados.
A veces, ni siquiera importa si la película se estrena o no, ya que lo importante es que todo el mundo hable de ella y el problema es que antes se creía que una amenaza repetida y luego retirada va perdiendo su valor gradualmente.
Pero con Donald Trump no es así, porque actuará de manera imprevisible lo que alimenta totalmente la incertidumbre.
La primera cancelación puede presentarse como un acto de responsabilidad, la segunda, como una oportunidad para la diplomacia. A la décima, empieza a parecer una señal de alarma que ya nadie puede entender pero que si se puede explicar viendo el comportamiento de mercados, siguiendo el dinero y no la guerra.
Pero esta paradoja es peligrosa, en virtud de que la imprevisibilidad también puede alimentar el miedo y movimientos asimétricos que podrían producir actos terroristas en diferentes puntos del planeta contra los intereses estadounidenses y su población sea militar o civil.
Por lo que dado que Donald Trump ya ha cambiado de opinión con rapidez, nadie puede descartar por completo que la próxima amenaza se concrete, ni tampoco que una amenaza terrorista se lleve a cabo en algún país con consecuencias alarmantes.
La credibilidad, entonces, ya no depende de la coherencia, sino de la incertidumbre y ya no solo se trata de disuasión mediante el control, ni mucho menos la efectividad de la disuasión MAD. Recordemos que la disuasión MAD o Destrucción Mutua Asegurada (Mutual Assured Destruction), es una doctrina militar y estrategia de disuasión nuclear, esto significa que si un país ataca con armas nucleares, el otro responderá de la misma forma o esta protegido por potencia que responderían con armamento nuclear contra el adversario del país protegido, lo que causaría la destrucción total de ambos bandos y es lo que tiene en juego Putin en Ucrania, pero ese será tema de un análisis posterior.
Lo que vemos ahora en Medio Oriente es que se trata de disuasión mediante el vértigo.
Teherán podría estar negociando principalmente la narrativa ya que Irán aprovecha también el juego que Trump.le impone y su negación sistemática también tiene su propia lógica.
Al negar las conversaciones anunciadas por Washington, Teherán protege su imagen de resistencia, evita aparecer como el peticionario y convierte cada declaración estadounidense en una posible humillación pública.
La escena es efectiva, porque Donald Trump anuncia que Irán suplicó negociar; pero Irán responde que Donald Trump está hablando solo.
Washington quiere demostrar que la presión funciona, sin embargo, Teherán quiere demostrar que Estados Unidos está inventando una victoria diplomática porque no puede lograr una victoria política.
Mientras tanto, es probable que haya intermediarios hablando, que circulen mensajes, que se estén evaluando las condiciones y que todos ganen unas horas. Es decir, seguir jugando con el reloj.
Públicamente sabemos que las autoridades iraníes han reconocido los intercambios con Omán sobre rutas marítimas, al tiempo que niegan la existencia de negociaciones directas con Washington.
Pero ojo, la negación no impide necesariamente la diplomacia ya que esta, se convierte en un instrumento de la misma.
Se puede negociar en secreto mientras se niega públicamente que se está negociando y esto incluso se ha convertido en una de las características distintivas de esta crisis del Siglo XXI.
Todos son racionales, por lo tanto, nada es irracional y este, podría ser el meollo del problema, porque cada actor mantiene su propia racionalidad.
Donald Trump quiere ejercer la máxima presión y le conviene una guerra prolongada a diferencia de Venezuela.
Irán quiere ganar tiempo, preservar su régimen y demostrar que no cederá y hacer ver a Estados Unidos como un perdedor cuando quien en realidad está perdiendo es Irán.
Los países del Golfo quieren evitar una escalada que amenace sus infraestructuras e Israel quiere impedir que la diplomacia le dé a Teherán un nuevo respiro.
Mientras el reloj camina, los mercados, por su parte, solo quieren saber si el estrecho de Ormuz estará abierto mañana por la mañana, incluso han reaccionado positivamente a los anuncios de desescalada, a pesar de la persistente incertidumbre sobre la existencia misma de las negociaciones.
En ese orden de ideas, considerando cada comportamiento por separado, se puede explicar que en conjunto, producen una secuencia casi absurda, pero lo lo es tiene un propósito y un objetivo geoestratégico que se está cumpliendo.
Todos actúan racionalmente a muy corto plazo, pero el conjunto se vuelve profundamente irracional.
Los anuncios se contradicen, las líneas rojas se mueven, los ultimatums caducan y luego renacen, y la verdad estratégica a veces no dura más que un ciclo de noticias.
Entonces se observa la tragedia detrás de la parodia y sin embargo, sería peligroso reírse durante demasiado tiempo.
Detrás de este espectáculo se esconde el pueblo iraní, sometido a la guerra, la destrucción, las sanciones, la represión y la incertidumbre.
Hay soldados que pueden morir por una decisión tomada y luego cancelada.
Hay marineros que cruzan el estrecho de Ormuz sin saber si la próxima hora será comercial o militar.
Células terroristas diseminadas en el planeta esperando la orden que llegará tarde o temprano.
Hay familias que oyen hablar de paz por la mañana y de guerra por la noche.
Por lo tanto, la parodia no trata sobre el sufrimiento, sino sobre el contraste entre la gravedad de las consecuencias y la aparente ligereza de la comunicación política.
Cuanto más teatral se vuelve el lenguaje, más peligrosa se vuelve la realidad.
Cuando cada amenaza debe ser más espectacular que la anterior, llega un momento en que uno de los actores debe actuar simplemente para no quedar en ridículo.
La geopolítica no ha desaparecido, simplemente ha cambiado la gramática.
La geopolítica no se ha vuelto totalmente irracional; se ha vuelto más personalizada, más instantánea, más narrativa y más dependiente de la puesta en escena.
Las instituciones siguen importando y las relaciones de poder también, pero ahora están ocultas bajo una capa permanente de comunicación, negaciones, mensajes contradictorios y dramas presidenciales.
Hemos pasado de una geopolítica en la que intentábamos predecir decisiones a una geopolítica en la que intentamos interpretar los cambios de humor y que analizar un tema no es analizar un árbol sino todo el bosque.
De una diplomacia de canales secretos a una diplomacia de declaraciones públicas.
De una estrategia construida a lo largo del tiempo, a una estrategia reescrita con cada episodio.
Pero lo más preocupante no es que nadie sea racional, sino que cada uno tenga su propia racionalidad, su propio horario y su propia verdad.
En este sistema, la guerra puede comenzar por error, la paz puede proclamarse sin que exista y una negociación puede ser rechazada por quienes la llevan a cabo.
En el próximo episodio que podríamos ver en Washington podría prometer un Armisticio a medianoche, Teherán anunciará que no ha recibido ningún mensaje, un mediador afirmará que se está cerca de un acuerdo y los mercados celebrarán la paz durante unas horas.
Pero a menos, claro está, que el episodio se cancele a las 23:57 y veamos un nuevo bombardeo en Irán y fuerzas estadounidenses e israelitas entrando a Teherán ya que en este círculo de incertidumbre todo podemos esperar.
