El Gran Truco del Eje: Cómo Bab el-Mandeb Reemplazó a Líbano en el Ajedrez de Irá
Estamos ante la reconfiguración estratégica del “Eje de la Resistencia” en pleno septiembre de 2026, resulta interesante la inacción directa de Irán ante la destrucción del complejo subterráneo de Ali al-Taher y la simultánea y fulminante ofensiva de los hutíes para controlar el estrecho de Bab el-Mandeb, pero esto, no parece una coincidencia es geoestrategia pura.
Todo responde a una decisión estratégica prioritaria y asimétrica para desviar la atención global, compensar el desgaste de Hezbolá en Líbano y consolidar un estrangulamiento marítimo global.
Debemos tener en el radar que a pesar de las severas advertencias de la Guardia Revolucionaria Islámica (IRGC), las Fuerzas de Defensa de Israel (FDI) utilizaron más de 1,100 toneladas de explosivos entre el 10 y el 11 de septiembre para colapsar por completo la fortaleza subterránea de la cresta de Ali al-Taher. Este complejo de más de dos kilómetros funcionaba como el centro neurálgico de la unidad Badr de Hezbolá.
La falta de una represalia militar convencional y directa por parte de Teherán ante este golpe definitivo expone dos realidades:
Erosión de la disuasión clásica: Irán ha evitado una confrontación abierta de gran envergadura que ponga en riesgo la supervivencia de su propio régimen frente a la presión militar de Israel y sus aliados.
Aceptación del desgaste en Líbano: Tras la pérdida de liderazgos clave como Hassan Nasrallah y la degradación de la infraestructura fronteriza, el frente libanés ha pasado a una postura de resistencia interna más que de ofensiva estratégica.
Por otra parte; mientras el mundo observaba las explosiones sísmicas en el sur del Líbano, los hutíes ejecutaron un avance relámpago en la costa del mar Rojo.
La captura de la ciudad portuaria de Moca y de islas estratégicas como Perim (Mayun), Zuqar y Hanish otorgó al grupo de Abdel Maleq al Houthi el control operativo real sobre el estrecho de Bab el-Mandeb.
Este movimiento convierte a los hutíes en el brazo más autónomo, geográficamente protegido y letal del Eje por las siguientes razones:
El doble cerco marítimo: Con el estrecho de Ormuz ya bloqueado o altamente restringido por Irán, el control de Bab el-Mandeb por parte de los hutíes completa una pinza sobre las principales rutas comerciales e hidrocarburíferas del mundo. Esto afecta directamente los desvíos de exportación que planeaba Arabia Saudita y presiona los precios internacionales del crudo.
Abdel Maleq al Houthi como líder regional: El colapso interno de las estructuras tradicionales de Hezbolá y el aislamiento de Hamás dejan un vacío de poder en las milicias proiraníes. Si el régimen de los ayatolás llegara a caer, la milicia yemení cuenta con la autosuficiencia, el control territorial y el fervor ideológico necesarios para reclamar la hegemonía de un Eje chií reformulado
¿Estrategia de distracción y desinformación?
Absolutamente; en virtud de que la secuencia de eventos sugiere una maniobra planeada con precisión:
Cortina de humo política:
Irán centró la atención mediática y diplomática en las “líneas rojas” del sur de Líbano.
Esto provocó que los servicios de inteligencia occidentales y regionales priorizaran el monitoreo de una escalada aérea o de misiles balísticos en el Levante.
Explotación del vacío en el mar Rojo:
Aprovechando que las fuerzas navales internacionales y los recursos de defensa aérea estaban enfocados en contener las tensiones del Mediterráneo Oriental, los hutíes lanzaron su ofensiva terrestre coordinada en Yemen.
Guerra asimétrica de bajo costo:
El control de Bab el-Mandeb ofrece a Irán una enorme ventaja geopolítica en las mesas de negociación sin haber disparado un solo misil desde su territorio. EE. UU. y sus aliados se muestran reacios a iniciar otra campaña militar abierta en Yemen, lo que deja a los hutíes con una ventaja consolidada sobre el terreno.
En ese orden de ideas, lejos de ser una coincidencia, este ajedrez geopolítico demuestra que cuando el Eje pierde capacidades de combate simétrico en un frente, transfiere la presión internacional hacia un cuello de botella económico global donde sus adversarios tienen mucho más que perder.
