El papel de la OTAN en el siglo XXI:identificación de nuevos retos y razones de ser
Las fuerzas armadas mexicanas; cuentan con 398,002 miembros en servicio activo, cifras que al hacer el desglose queda un estado de fuerza distribuido de la siguiente manera de acuerdo a cifras aproxiadas para el año 2025:
- Ejército Mexicano: 275,443
- Fuerza Aérea Mexicana:30,516
- Armada de México:92,043
Más 130,000 de la Guardia Nacional da un total de 528,002 elementos.
Esa cifra se encuentra por encima del total de 228 elementos del Ejército que, sumados, tienen Macedonia, Montenegro, Albania, Croacia, Bulgaria, Estonia, Letonia, Lituania, Rumania, Eslovaquia, Eslovenia, República Checa y Hungría.
Para poner esto en perspectiva, la adhesión de México añadiría más personal militar en servicio activo a las filas de la OTAN que esos 13 miembros de la Alianza juntos, además de que en los últimos años, la fuerza militar de México se ha visto más fortalecida, e incluso profesional, es un ejército que se destaca como experto en la guerra de cuarta generación y que opera en todo el espectro del conflicto, ya sean misiones quirúrgicas de las Fuerzas Especiales constituidas por unidades chicas y en operaciones de estabilidad a nivel de división, en áreas que se comparan con el tamaño de un país como Bélgica.
Aun cuando las fuerzas armadas de México tienen capacidades más limitadas que los ejércitos de más alto nivel de la OTAN, sus capacidades parten de un piso alto, beneficiándose de la cooperación bilateral en materia de seguridad que mantiene con Estados Unidos.
Es importante tener en el radar que por medio del Comando Norte de Estados Unidos (USNORTHCOM) México, Canadá y Estados Unidos, continúan dialogando y realizando ejercicios conjuntos, fortaleciendo la colaboración hacia una visión estratégica mutua, lo que conducirá a una mayor colaboración militar, además de que las fuerzas armadas mexicanas están realizando procedimientos sistemáticos de operación, donde incorporarán los conceptos, términos y vocabulario esenciales y necesarios para una comunicación eficaz en el marco de la OTAN. Esto supone un cambio fundamental hacia la armonización de las prácticas lingüísticas y la facilitación de una mejor interacción, sin implicar intención ni pertenencia a la OTAN. Armoniza las prácticas de comunicación para mejorar la colaboración y el entendimiento dentro de la comunidad internacional de defensa.
Desde luego que un mayor papel de la OTAN en América Latina; podría fomentar la promoción de la democracia, al tiempo que proporcionaría un efecto disuasorio oportuno.
Colombia es el único país de América Latina que tiene un estatus de socio global con la OTAN desde 2018, lo que le permite participar en ejercicios y programas de cooperación.
El ingreso hipotético de México en la OTAN; puede ser un ingrediente necesario para los Estados Unidos, especialmente por lo que México aportaría a la Alianza en términos prácticos, pero, en todo caso, sería todo un proyecto generacional que requiere la alineación de una serie de incentivos políticos y normativos por todas las partes, teniendo en cuenta de que largas mesas de dialogo entre México y Estados Unidos en materia de Seguridad y Defensa, así como la renuencia histórica de México a imponerse en los asuntos de seguridad global, hacen que la idea de pertenencia de México a una alianza de seguridad liderada por los Estados Unidos sea controvertida, porque además, se pone en la mesa de discusión, que sin una amenaza militar tradicional, es poco probable, que México necesite la protección del Artículo 5. De hecho; la adhesión a la OTAN, algunos infieren que podrían aumentar los riesgos para la seguridad de México, al requerir compromisos militares en misiones alejadas de sus preocupaciones de seguridad tradicionales, mientras se desvían recursos hacia gastos de defensa y lejos de las necesidades sociales apremiantes, pero por otra parte, una relación formal con la OTAN daría derecho a México a una reforma mejorada del sector de seguridad y defensa, al tiempo de que se reforzarían las relaciones comerciales transatlánticas, a través de la consolidación de los intereses económicos y de seguridad en conjunto con el Tratado Estados Unidos-México-Canadá (TMEC) y el Acuerdo Global UE-México, lo que subrayaría su estatus como una potencia regional creciente, y un ejemplo influyente para otros estados latinoamericanos.
A su vez, varios países de la OTAN; podrían ofrecer incentivos bilaterales atractivos para la participación de México, incluido, el apoyo binacional de los Estados Unidos y Canadá a los sectores policial y judicial de México y la OTAN, serviría tanto para institucionalizar, como para hacer multilaterales los diálogos existentes con los Estados Unidos, en materia de defensa y seguridad, de forma que, podría beneficiar a México desde el punto de vista práctico y político, y que podrían ser igualmente, bien acogidos por el Congreso y la comunidad política de los Estados Unidos de América.
La OTAN; podría también, servir como columna vertebral para intensificar los diálogos sobre seguridad con naciones como España, Reino Unido y Francia, con las que México, ya mantiene sólidos vínculos y, en ese sentido, es claro de que México puede mantener relaciones diplomáticas con quien quiera, pero no puede ser aliado de quien quiera, por lo que a medida que se expande el conflicto entre los bloques económico, político, militar, de seguridad nacional y de inteligencia, entre Estados Unidos, China y Rusia, el gobierno de México, tendrá que definir exactamente de qué lado están los mejores intereses nacionales y actuar en consecuencia.
Ahora bien; es importante reflexionar sobre el papel de la OTAN en el siglo XXI; identificando los nuevos retos y razones de ser, antes de poder dimensionar el futuro geopolítico de la seguridad de México y su relación tanto con el USNORTHCOM para fortalecer la contribución de la América Septentrional, a la seguridad transatlántica, que sin duda, podría ser un oportunidad para que México pueda alinearse a un bloque económico, industrial, tecnológico, político y militar que le permita alcanzar su enorme potencial, toda vez que se encuentra en perfectas condiciones para iniciar ese camino de convertirse en socio estratégico de la OTAN, mediante un procedimiento gradual, pero acelerado, evolucionando de la nula opinión, y la no injerencia, a la responsabilidad de la defensa colectiva, y en esas circunstancias, es necesario observar que la propia OTAN, hoy, se encuentra también, en un proceso de transformación acelerada, reorientando su propósito principal hacia la disuasión y defensa colectiva frente a diversas amenazas geopolíticas resurgentes, especialmente, de Rusia y cada vez más de China y de otros actores estatales y de actores no estatales que operacionalizan con fines estratégicos. Además; en medio de esta trasformación, llega Mark Rutte, quien asumió el cargo de Secretario General de la OTAN el 1 de octubre de 2024, sucediendo a Jens Stoltenberg, cuyo traspaso de poder se produjo en un momento de máxima tensión con la guerra en Ucrania, como desafío central, y la incertidumbre sobre el futuro compromiso de Estados Unidos con la alianza.
Rutte enfrenta el reto de mantener la unidad y la firmeza de la alianza, toda vez que si bien, Rusia sigue siendo la amenaza inmediata, la OTAN está desarrollando una doctrina coordinada contra China, en donde la OTAN, ha pasado de un enfoque prioritario en la gestión de crisis, a una estrategia de disuasión y defensa de 360° y en este contexto, la Alianza se adapta rápidamente para garantizar la libertad y seguridad de sus miembros mediante medios económicos, políticos y militares, enfrentando un entorno geopolítico cada vez más complejo y volátil, por lo que el flanco sur de la OTAN, también debe fortalecerse, ya que es crucial dadas las relevantes correlaciones entre conflictos, fragilidad e inestabilidad en África y Oriente Medio y la seguridad de la Alianza y de los aliados, esto es, porque fue un error de cálculo que en el Concepto Estratégico de 2010, la valoración de riesgos, al mantener su preferencia por la gestión de crisis en Afganistán, no pudo prever la inestabilidad en los países periféricos, como la Primavera Árabe de 2011 y el aumento de la tensión con la Federación Rusa, como consecuencia de los acontecimientos de Ucrania en 2014.
Desde luego; la cumbre de Madrid de junio de 2022, supone un hito en la visión de la OTAN y su papel en el mundo, al asumir la necesidad de que la OTAN desempeñe un papel más relevante como proveedor internacional de seguridad, por lo que en ese sentido, la OTAN identificó como sus dos principales objetivos estratégicos la defensa y disuasión frente a Rusia en Europa y el apoyo a Ucrania, tanto en dicha cumbre, como en la cumbre de Vilna 2023 y en el 75 aniversario de la OTAN, cuya cumbre, se celebró en Washington D.C. 2024, en pleno proceso electoral estadounidense, en el que Trump, ha insistido en la necesidad de que los aliados europeos inviertan más en seguridad y en evitar un conflicto con Rusia.
Estos debates en torno al reparto de la carga, han acompañado a la OTAN desde su creación, pero la necesidad de preservar la integridad territorial de Ucrania a corto plazo y el de sostener su capacidad de defensa frente a Rusia a largo plazo, los han agudizado, lo que obliga a repensar las políticas de defensa como ya están haciendo los países más próximos a las fronteras con Rusia, es decir, el regreso de Trump, representa nuevos retos para la relación transatlántica, al tiempo que la exigencia de Trump en cierto modo, puede ser un motor clave para el impulso del rearme de la Unión Europea, toda vez que en la Cumbre de La Haya de 2025, Rutte elogió el liderazgo de Trump en la decisión de alcanzar el objetivo del 5% del PIB en defensa, lo que refleja un cambio significativo respecto al objetivo anterior del 2%.
Ahora bien; el principal objetivo de la OTAN es la disuasión para evitar conflictos; un concepto que trasciende los meros cálculos financieros, porque los beneficios que puede generar una nueva estrategia de offset, sería de gran interés para Europa, en virtud de que algunos países están convirtiendo el gasto militar en desarrollo económico, mediante la implementación de programas de compensación industrial y con ello, transformar el enfoque transaccional de las adquisiciones en una estrategia desarrollo nacional, ya que la importancia económica de esta estrategia, puede ser de gran relevancia para Europa, en el sentido de que el éxito de la cooperación transatlántica en materia de defensa, dependerá de la capacidad de todas las partes para encontrar acuerdos mutuamente beneficiosos que equilibren los intereses nacionales, la competitividad industrial y las necesidades de seguridad colectiva.
Aunado a lo anterior y al observar que una de las posibilidades que se van perfilando para terminar la guerra de Ucrania, es la congelación de la línea del frente y un despliegue de fuerzas que aseguren la estabilidad y la ausencia de hostilidades, al menos, mientras se llevan a cabo las negociaciones para el eventual tratado formal de paz, por lo que podemos inferir que de acuerdo a las declaraciones de Trump, la nacionalidad de las fuerzas en cuestión, no serán estadounidenses, más bien, podrían ser europeas, lo que evidentemente sería deseable para Ucrania, pero cuya probabilidad es impredecible, a juzgar por lo contradictorio y variable en el tiempo de las declaraciones de Putin y Trump; luego entonces, las modalidades de despliegue, la precisa entidad y nacionalidad de las fuerzas y otros detalles, serán a su vez, objeto de negociación, además que la UE/Europa, no tiene de momento, la capacidad militar que se considera necesaria para esa operación.
En todo caso; la intervención sería sólo en caso de que se llegue primero por vías diplomáticas a un alto el fuego, o a un acuerdo similar, donde las fuerzas intervinientes deben ser neutrales y esto, es fácil de asegurar, pero cuando una fuerza europea lleva a cabo tal tarea en algún sitio remoto, pero ser imparcial es difícil, sobre todo, en el caso de que una potencia ha invadido a un país dentro de la misma Europa, en consecuencia de todo ello, una operación europea para desplegar fuerzas en Ucrania tras un acuerdo de paz, entraría en principio en la definición de las misiones de Petersberg, aunque sin duda, serían más grandes, complejas y peligrosas. En ese sentido; los potenciales obstáculos legales para obtener el apoyo de la OTAN ya están resueltos por los Acuerdos de Berlín Plus, ya que en 2002, nadie habría predicho que una misión Petersberg se llevaría a cabo en Europa y en ese orden de ideas, el significado del Acuerdo es inequívoco, ya que la OTAN, al no participar militarmente tiene la obligación de proporcionar a la UE/Europa, activos y capacidades adecuados para la tarea en cuestión y entre esos activos, el control debe transferirse en Brunssum, Países Bajos (JFC Brunssum), que seguramente será el primero de la lista, dada la estructura actual de la OTAN y sería el mejor candidato para ser el “activo y la capacidad” para planear una misión y mandar las fuerzas asignadas por las naciones europeas, incluso, debemos recordar que ya tiene responsabilidad sobre fuerzas europeas que actualmente están desplegadas en la periferia de Ucrania.
Como dijo el General Eisenhower, muy apropiado para la presente situación: “Vamos a conseguir la paz aunque tengamos que combatir para ello”.
